sábado, 21 de marzo de 2009

JUDITH

Toda la noche, el pesado cuerpo de Holofernes resopló sobre ella.
Después, tal vez con la luz indistinta del alba, el rápido viaje del filo mortal, la decapitación certera. Se supondría tensa o demacrada, pálida o enferma. Pero no. Está allí, bellísima, tal vez un poco loca, los rasgos voluptosos, la boca entreabierta, y la mano derecha delicadamente puesta sobre la cabeza muerta de él. Todavía lo acaricia, ay! Porque este fornicador bestial, este lover man que no tembló un ápice cuando ella le ofreció la tibia medusa de su pubis, este hombre pudo con su goce. Pero valía la pena, ¿verdad Holofernes? Porque no hubieras retenido a una mujer si no la hubieras creído capaz, llegado el caso, de utilizar el puñal... El común de los mortales se satisface con unas pocas mujeres. El donjuanismo de Klimt, su estesia, su galería de mujeres, su colección, capta a las mujeres en sus distintos rasgos: ora asesina, ora pendeja, ora perdida o dormida. Es un voyeur de lo femenino, cerca de la locura... Klimt, fascinado por las cabezas de sus innumerables mujeres, era monótono.

19 comentarios:

josef dijo...

En cuanto a Holofernes solamente diré que debió de ser un general de esos que se presuponen machos intocables e inmortales, grandes folladores o amadores o ambas cosas a la vez. Ni siquiera meditó que Judith era la clásica espía capaz de dejarse pasar por la piedra mil veces con tal de lograr su porpósito. A Klimt le gustaban las mujeres, tanto como el oro; se presuponía interesante pero era un ser tan mundano y común como cualquiera... Sus prostitutas ni siquiera calmaban su ego... Buen post!

El antifaz dijo...

Lo especial no debe ser lo raro.
Lo especial puede ser lo cotidiano.
El placer, tan especial, puede ser cualquier cosa, para cada uno, algo distinto, para todos un instinto.
Besos.

Miss.Burton dijo...

Ufffffff, qué historia mas tremenda.. nosotras siempre tendemos a fijarnos en las cosas difíciles, peculiares, enormes... Será por eso que nos metemos en camisas de once varas, y será por eso que somos tan gigantonas...
En fin, yo estoy en lo de hacerme mas normalita, pero mis genes y mis hormonas me lo impiden, y sigo dando tumbos en busca de mi perfecta historia particular.
Un beso fuerte, hermosa, tienes una foto preciosa, como tu, y aunque me ha costado leer el texto en amarillo, me ha encantado.

Anónimo dijo...

No tenía ni idea de quien había sido Holofernes. Me he metido en google y me he informado.
No hay nada que más me apasione que descubrri cositas gracias a vosotr@s.

Un beso desde el jardín.

PD: Pásate por el jardín. Creo que te hará ilusión ver alguna que otra "flor".
:)

tanguetto dijo...

Inmejorable descripción de Gustav Klimt.

No es raro que el hombre se deje seducir ante las insinuaciones femeninas.

Pobre Holofernes.

Roky Rokoon dijo...

LO ESCENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS

Patty Rodríguez dijo...

Llegué a tu blog por caUSalidad.
Empecé a leer por el principio. Aún me falta mucho, pero volveré.
Me gusta qué y cómo escribes.
Reflejos, diría una amiga mía.
Te enlacé a mi blog, espero no te moleste.

Gwynette dijo...

La viuda Judith se valió de su belleza y de la borrachera Holofernes para decapitarlo. Cumplió con su deber de espía. Pero estoy convencida que nunca olvidó la noche pasada con el fornicador bestial. o_O
Klimt. era monótono?..qué de cosas aprendo a diario ! :))

Besitos

ybris dijo...

Judit, Holofernes y Klimt.
La heroína, la víctima y el voyeur.
La entrega conquistadora, el conquistador derrotado, el cronista posesor.

Precioso post.

Besos.

M.Monís dijo...

Maravilloso Klimt, a pesar de su monótona confusión...

Por cierto, si tienes curiosidad, tengo un relato sobre Judith en
http://variacionesgalantes.blogspot.com/

(relato nº 58)

bssss

M.

MentesSueltas dijo...

Hola Nombre... me gustó leerte nuevamente y aprender.

Te abrazo
MentesSueltas

Ines dijo...

Cuanto me ha gustado ...
¡Donde has estado metida ?
Un besazo

Esther Hhhh dijo...

En el fondo (y no tan en el fondo) todos los hombres tienden a ser Don Juanes en su peor versión... Que mala es la cobardía.

Besitos

Antígona dijo...

¿No es posible que la entrega amorosa tenga siempre algo de sacrificio? Si por sacrificio puede entenderse la pérdida de sí, la disolución de uno mismo que sobreviene con su culminación.

Tal vez, entonces, sexo y muerte no se encuentren desligados y la historia de Judith y Holofernes refleje simbólicamente lo que significa sucumbir al placer a manos de otro.

En cuanto a Klimt, no entiendo muy bien lo de su monotonía. Reconozco que posiblemente porque sus cuadros me fascinan de tal manera que me cuesta atribuirle un calificativo tan poco amable. O quizá el Don Juan que ves en él sea incapaz de entregarse, y de ahí su eterna insatisfacción y a consecuencia de ella la monotonía.

Como ves, tu post me ha dado qué pensar. Lo que más me gusta del mundo del blog :)

¡Un beso!

Gi dijo...

"Porque no hubieras retenido a una mujer si no la hubieras creído capaz, llegado el caso, de utilizar el puñal..."
Cuántas veces nuestra elección es nuestra "dulce condena"
Hermoso
Besos

Camille Stein dijo...

conocedora de las debilidades de los hombres, Judith no dudó en utilizar sus armas de mujer contra el mortal poderío de Holofernes

como una precoz femme fatale, sedujo y asesinó al portador de la muerte de su pueblo

quizá Klimt se sintió seducido por este personaje poderoso, temible, capaz de cortar sin miramientos su propia e interminable obsesión por lo femenino

un beso

cheguevara dijo...

hey, hey!
llego sudoroso y polvoriento
y te rajás?, no vale.
ron para dos*
abraccio
CHE

la jardinera dijo...

La jardinera en su afán de regar sus risas, se volvió regadera.
Y como una auténtica regadera, manejó su azada con fatalidad y se cargó su espléndido vergel poniendo fin a su jardín.
Pero paseando por las nubes encontró una parcela y dibujando flores con pinturas de colores recuperó la esencia de sus huellas.

No quiero más vientos que borren vuestra estela.

Te guardo de nuevo en mi pared de enredaderas. Te invito al festín de néctar, polen y madreselvas. Tienes la puerta abierta.

La jardinera de risas

El Toro de Barro editorial dijo...

No estoy muy lejos de la visión que Antígona ha manifestado aquí. En la mística de la civilización cristiana, todo amor implica la desaparición en el amado, de tal modo que el sexo siempre es una forma de morir, de dejar de ser. Entre los judíos, por el contrario -y Judith es, no podemos olvidarlo, un totem muy querido de ese pueblo- se aspira a todo lo contrario, a no desaparecer en el amado, a no morir en él ni aunque se quiera.
Un saludo de nuevo, Nombre, después de tanto tiempo...
Carlos