lunes, 5 de noviembre de 2007

...y no me alcanzan las poblaciones neuronales para comprender esa soledad estéril que corroe los vínculos entre los "humanos".
La falta de ética y de estética con que se desfilan y despilfarran las noches y los días.
Es difícil entender la no-reacción ante el otro.
Cuando no podemos responsabilizarnos por nuestras propias realidades, y nuestras propias fantasías,
y ponerle las vísceras a los proyectos más deseados.
Esa necesidad de "apuñalar" al otro que aparece (¿?) escondido...
casi nunca a mis ojos,
aunque siempre a mi corazón.
Nuestra miseria aflora, siempre, en el extremo: ¿nuestro verdadero ser?
Y cargamos a los dioses inventados de fantasías anheladas y nunca cumplidas.
Sólo para luego odiarlos a ellos, y no mirarnos al espejo.
Para poder descargar nuestra ira, porque, simple y llanamente, no fuimos honestos...
Ni con nosotros mismos.
Esos, nosotros, personajes de una chusma que necesita
un espejo para reivindicarse.
Un espejo.
Ciego.