jueves, 4 de octubre de 2007

caricaturas: la virtud del error.

"El estilo es la gracia que nos diferencia del resto del mundo. Creo que fue Pedro Almodóvar el que, en alguna entrevista, respondió que una suma de errores, hace un estilo....Más allá de la respuesta ingeniosa, se detecta una profunda verdad allí, porque en lo no-civilizado, en lo incorrecto se delata el factor humano, lo que en verdad nos toca a todos, que es la virtud del error. El error revela." (Fito Paéz, adnCultura).
Incluyendo esta imagen de Penélope Cruz,
que sigue siendo bonita,
aún en su ridiculización...
paso a mis meditaciones...

Diccionario. "Caricatura: f. figura ridícula en que se deforman las facciones y el aspecto de alguna persona."

Yo hago mi lectura: el estilo de cada quien sería como la exaltación de lo que pueden ser considerados "defectos", "exageraciones", o simplemente "rasgos salientes" personales y únicos। Y el estilo sería poder salirse de la convención, de lo dogmático, y errar (de "equivocarse", y, por qué no, de "vagar"), contradiciendo, nunca caprichosamente, al maestro.
Porque como humanos, sólo podemos marcar nuestro ser, cuando empezamos a constituir un camino propio, que nos lleve a crear algo nuevo. y esto no es sin nuestras miserias, nuestros errores, temores, obsesiones, alegrías, aciertos y desgracias...
El error revela. Revela nuestro estilo, con eso que se repite, lo que insiste, y entonces, así, hace CONSISTIR. El error se pone de manifiesto cuando salimos del molde, sacudimos, rompemos con lo preestablecido para buscar el camino donde nos lleve nuestro deseo, con nuestro corazón y nuestra cabeza...
Cuando apoyamos sobre el mundo una mirada no-acostumbrada, sino asombrada...
No se puede obedecer a los maestros y al mismo tiempo al espíritu...
No quedarnos atrapados en la repetición dogmática del otro, a la imitación sometida a una autoridad supuesta...
Y salirnos de la ortodoxia, para movilizar una relación con nosotros y con los otros, que no permita el aburrimiento.
No se me escapa que para todo esto son necesarias cuotas de locura y de pasión.Algo que suena atemorizante, para ciertos discursos. Algo que algunos discursos llegan a degradar...
Esta idea tiene antecedentes: hace doscientos años se publicaba el que pasaría a ser el libro más difícil jamás escrito: "Fenomenología del espíritu", de Hegel.
Esta prosa, categorizada como novela de formación, narra la iniciación de un joven por un accidentado viaje en el cual es sometido a una serie de pruebas, de avatares progresivos hacia zonas cada vez más profundas del saber y la vida. En cada una de ellas, el protagonista debe reconocer su "error" de la etapa anterior, para entender una nueva "realidad" a la que es expuesto...
Así, el héroe, luego de realizar el ciclo, encuentra, por fin, su identidad. Narra las etapas por las que pasa el "conocimiento" para llegar al "saber". Entiendo por "saber" no la cosa enciclopedista de la pura verdad, sino del saber(se).
Otro ejemplo que me resulta paradigmático en este sentido,
es que el investigador que "descubrió" la penicilina
(nada más y nada menos)
no estaba tratando de descubrirla...
Fue por un "error" de laboratorio,
en el que, dejando un preparado "olvidado"
pudo llegarse a semejante descubrimiento...
No podemos soslayar, por cierto,
el deseo de este sujeto de la ciencia,
en este avatar tan "azaroso"...