viernes, 4 de enero de 2008

sin viajar...

Iré a una playa,
y una vez en la arena
dejaré que la marea
se lleve mis lágrimas,
mis desvelos,
mi incertidumbre,
mi miedo...
Que en el mar se internen
en su azul escandaloso
y no desembarquen
en ninguna otra costa
desprevenida...
Mientras,
acabaré de dictar
las románticas y absolutas sentencias
que empañan
la vida...
Esos prejuicios que enmarañan
algunas tardes del tiempo
esos, que crecen en mis venas
y hago arder en tu piel...
Observaré la piel zafiro
de esa noche de mar,
y beberé de una nueva copa.
Así, esta vez,
exhorcizaré mi penar
Ya no lo pondré más junto a tus angustias...
Visto está que no son buenos compañeros.
Me sentaré a esperar
las estrellas y la luna,
besando al horizonte...
Me detendré ante cada caracol,
ante cada ola...
Y les haré mis reverencias.