martes, 29 de enero de 2008

PROTECCIÓN SOLAR.

Llegaron los últimos días de enero.
Y con ellos, visitas cada vez más seguidas a un lugar que me llena de paz, de sosiego, de calma.
Huyendo de lo urbano, lo imprescindible son mis Marlboro, un sombrero y factor de protección solar.
Un pequeño paraíso, no tan lejos de la ciudad, pero lo suficiente para disfrutar del silencio, sólo interrumpido por el giro caprichoso de las aspas de un molino. Ese molino que llena un espejo lleno de agua de pozo. Tan fría como clara.
Borges, único compañero, me invita a internarme por sus mil laberintos, que intercalamos con espejos. Y, entonces, concluyo que la forma del palo borracho son tan caprichosas como las formas de mi corazón.
Otros árboles inmensos anidan historias que imagino en la sabiduría de sus longevos años.
Modigliani me reclama su dosis de dulzura en zanahorias, azúcar o caramelos con un insolente relincho cuando cae el sol.
Y el atardecer me encuentra en el reencuentro con los rincones que habitaron mi infancia detrás de un roble, de una vieja higuera, o de un bebedero hoy olvidado.
Siento que el campo en sí mismo es mi protector. Mi mejor protector en este momento.
Con su inmensidad me arropa de tristezas, me trae algunas claridades, y mariposas blancas interrumpen mi cansancios.
Al abrir uno de los libros que puse en esta pequeña valija, leo un poema que un hombre escribió en la primera hoja de mi ejemplar hace ya un tiempo:
(es evidente, aún hoy, que sabía dónde escribirlo)
"Soy tan feliz que derroto hasta este día
con un poco de tu rostro y otro poco de mi suerte.
Soy tan feliz que hasta puedo con tu ausencia,
soy tan feliz que reniego de la muerte".
Y, entonces, tengo el certificado vivo, efectivo, concluyente... de que, efectivamente, fuí una mujer amada.
(Desconozco gracias a mi ignorancia y mi falta de memoria si ese poema pertenece a algún escritor, o fue el escritor el hombre que me lo escribió).
Algún día contaré esa historia.
Febrero se presenta como un mes largo para mí, a pesar de su, esta vez, 29 días.
La imagen es de Google y se presenta allí como: SW-PhjoMolino.

jueves, 17 de enero de 2008

lo que ellos quieren de nosotras....

"Los hombres quieren lo mismo de su ropa interior que de las mujeres.
Un poco de sostén.
Y un poco de libertad."
Jerry Seinfeld.
Y yo, para no perder la costumbre,
sigo también en:

jueves, 10 de enero de 2008

"ellos" y "¿nosotros?"

Y sí.
Son ellos.
Los que están ahí.
Dentro de sí mismos.
Tras los muros.
No pudieron resistir el desamor,
la desconfianza,
la traición...
Porque ellos no aprendieron a desconfiar.
No podían transar,
porque las tripas
se les revolvían
dentro.
Querían otro mundo...
No. Otra gente.
No. Otra forma de ser gente,
de decirse,
de amarse,
de contarse...
Y no pudieron resistir
la soledad inmensa
que dejan los contactos fugaces,
las palabras vacías de sentido,
los oídos que no escuchan,
las palabras que no se quieren escuchar.
Y nosotros, los que estamos "de este lado", y lo podemos resistir... o decimos que lo podemos resistir... ¿estamos menos locos? Estamos locos, si. Cuando nos bancamos que mueran personas casi a nuestro lado sin prestar casi la mínima atención. Cuando permitimos los suicidios cotidianos (nuestros y silenciosos) de los que se quedaron sin sueños. Los que se suceden minuto a minuto, alargando los dolores, haciendo pergaminos de las pieles, y del corazón, rocas. Día tras día. Hasta que, agotados, se rinden y ya no sienten más. Cuando no le tememos a esa muerte cotidiana y rutinaria. A la idiotez de la vida pasando entre móviles, semáforos interminables y noches de humo y alcohol... Cuando no discriminams que se destruye más cuando no podemos (o nos olvidamos cómo es) dar, recibir, pedir. Cuando nos queremos salvar solos. Cuando nos habituamos a agredir ("civilizadamente") Y nos agredimos con modelos sin contenido. Cuando soportamos sobremorir a torear cada amanecer. Y así, nos arrojamos al vacío.... Cuando no sabemos encontrarnos en los ojos del otro. Del amor de una mirada tierna. Una caricia dulce, de una espera certera. Hablo del amor al sol y de las manos abiertas, y limpias. ¿Casi maternal? Y a veces tan carnal!!! Hablo del sereno respirar de dos dormires. Del despertar acompañado. De ventilar al sol la tolerancia al no tan semejante. De no dejar escapar día a día las delicias y deberes que nos ofrece el banquete de la vida. Cuando no comprendemos que no se trata de vivir. Sino de habitar poéticamente la existencia. siempre estoy en http://lugaressecretos.blogspot.com

viernes, 4 de enero de 2008

sin viajar...

Iré a una playa,
y una vez en la arena
dejaré que la marea
se lleve mis lágrimas,
mis desvelos,
mi incertidumbre,
mi miedo...
Que en el mar se internen
en su azul escandaloso
y no desembarquen
en ninguna otra costa
desprevenida...
Mientras,
acabaré de dictar
las románticas y absolutas sentencias
que empañan
la vida...
Esos prejuicios que enmarañan
algunas tardes del tiempo
esos, que crecen en mis venas
y hago arder en tu piel...
Observaré la piel zafiro
de esa noche de mar,
y beberé de una nueva copa.
Así, esta vez,
exhorcizaré mi penar
Ya no lo pondré más junto a tus angustias...
Visto está que no son buenos compañeros.
Me sentaré a esperar
las estrellas y la luna,
besando al horizonte...
Me detendré ante cada caracol,
ante cada ola...
Y les haré mis reverencias.