Hombres que sin querer (¿queriendo?) espantan a las mujeres...
un lugar al que, después de un día agitado, regreso... para encontrarme conmigo y con ustedes...
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Dejar caer las agalmas…con las que te adorné. Y cada minuto volver a nacer. Porque (se) (me) anula el alma, caen diluvios de sal…Y mi vida se hace pura piedra. Habito turbación y desasosiego. Sin luna merodeo (mis) (las) noches … (mil)
Y quiero soltarte como una amarra y que mi barco surque orillas verdes. Que la lógica me sirva para desenmascararte. Que mi galope sea liviano, ágil, mientras te desando en cada paso. Recobrar todos los sentidos de (en) mi piel…
Hundirme en mañanas amanecidas sin nostalgia Aligerar mis pies descalzos y danzar mis días. Apropiarme de mi propia libertad- hoy soy extranjera de mí. Tan no conocida para mí misma… que la Nada me pertenece. Cometí la peor herejía, la más cruel… Mi cuenta cuenta números rojos… Sin embargo, no me debés nada, (Yo sí adeudo mi dignidad) Voy a desafiar a mi Ananké. No quiero saber de soledades, ni de encierros Abrir la tranquera y hacer una gran fiesta, sin cobardes. Voy a construirme un ancho sendero. Que la música penetre directo a mi sangre, necesito. Enchastrarme con el óleo de mis juegos Emborracharme de risas Necesito reavivar ciertos fuegos.
Y si te culpo a vos, me condeno.
Fotos: André Britó.
Nicola Ranaldi.
Según el diccionario, (primer amigo al que recurro cuando una realidad supera mi capacidad de pensar...):
Dignidad significa "calidad de digno". Deriva del adjetivo latino dignus,se traduce por "valioso"; es el sentimiento que nos hace sentir valiosos, sin importar nuestra vida material o social.
La dignidad se basa en el reconocimiento de la persona de ser merecedor de respeto, es decir que todos merecemos respeto sin importar como seamos. Al reconocer y tolerar las diferencias de cada persona, para que esta se sienta digna y libre, se afirma la virtud y la propia dignidad del individuo, fundamentado en el respeto a cualquier otro ser. La dignidad es el resultado del buen equilibrio emocional. A su vez, una persona digna puede sentirse orgullosa de las consecuencias de sus actos y de quienes se han visto afectados por ellos.
Es el valor intrínseco y supremo que tiene cada ser humano, independientemente de su situación económica, social y cultural, así como de sus creencias o formas de pensar.
... para justificar la esclavitud se decía que el esclavo no era persona humana, sino un objeto, al igual que judios, gitanos y homosexuales durante el nazismo. En la época del colonialismo, se decía lo mismo del indio, que no tenia alma y por lo tanto no poseía dignidad humana.
Es constante en la historia de la humanidad, negar la dignidad humana para justificar y justificarse en los atentados contra ella. Publicado por el nombre... en 17:50
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Dicen que somos las que más gastamos, y también las que mejor “nos conservamos”…
Como contrapartida, cargamos con el estigma y la obligación constante de explicar por qué no tenemos pareja ni hijos.
Pululan las elucidaciones (¿consoladoras? –que, hasta ahora, consoladores no probé!-) acerca de que la soledad es el fenómeno sociológico más extendido y menos estudiado de la segunda parte del siglo XX ( Wow, ¡¡¡qué fashion somos!!!)
Gozamos de algunas ventajas, es indudable: más plata para gastar, tiempo para una misma, lugar en el placard, la cama y el sillón, fiestas de fin de año con la propia familia (¿quién las puede añorar después de dos años consecutivos?), salidas con amigos varones (en general, gays, o impresentables –pero ¡¡¡divertidísimos!!!)
Nos convertimos en el blanco del mercado: consumidoras ideales (¿ por compulsivas, acaso?) de ropa cara, accesorios, tecnología, viajes exóticos, bicicletas, delivery (cocinar para uno solo es un embole), música, teatros, libros eternos, tratamientos para la piel, gimnasios varios…y ¡para los sistemas de seguridad! (es que nos volvemos un poco miedosas)
¡¡¡Ojiiiitooooo!!!, que no todo son rosas: también somos el centro de envidia de nuestras amigas casadas y aburridas, que nos ven como potenciales come-maridos, y de ser, muchas veces, casi expulsadas de algunas reuniones por la inseguridad de mujeres que ven en nosotras, presumibles rivales…
Seguramente, no hay “sola/o” que no aspire tener, algún día, y aunque sólo sea momentáneamente, “la prueba” de que es elegido para la convivencia. ¿Pero tenemos ganas de compartir?
Bueno, por ahora, lo que puedo decir es que hacen
2° bajo cero de temperatura afuera, y mi cama… ¡está cuasi vacía! Hablamos de la identificación con el rasgo único del Otro, es decir que el sujeto recorta de ese Otro sólo una parte, un rasgo, una característica, que lo constituye, y a la vez, desbarata la totalidad absoluta de ese Otro. Y subrayamos que la identificación no tiene nada que ver con la unificación, que supondría un todo perfecto, el ideal de la unicidad, que dista del proceso de apropiación de un nombre, y su constante proceso de construcción.
Lacan introduce el nombre propio. Destaca que la función del significante es el punto de amarre en donde un sujeto se constituye y ubica ahí la función del nombre, pero no de cualquier nombre sino del nombre propio. A diferencia del nombre común que está a nivel del sentido, el nombre propio no porta el sentido del objeto sino que es algo del orden de una marca, un sello particular y único.
El nombre propio en sentido lógico es lo que no se atiene a la descripción sino que lo que nombra es la particularidad del sujeto. Si bien puede sufrir modificaciones, como en el caso de los apodos, no puede traducirse e implica una marca ligada a la escritura, al Otro. Es Otro, un extranjero, quien eligió lo más propio de nosotros mismos. Paradoja... Entonces, el nombre propio es el que especifica el clivaje, de apoyo del sujeto y es el que está especialmente ligado a recibir la información del trazo, eso que hará al estilo de cada quien. En la película “Sunshine”, del director István Szabó, se evidencian los efectos mortíferos que produce el cambio de apellido en una familia judía. Decisión que toman algunos de sus miembros con la ilusión de “asimilarse” a la cultura austro húngara, creyendo que los logros sociales y medallas obtenidas (semblantes), los protegerán del fascismo imperante. Lejos de que esto ocurra, la muerte se ensaña con uno de ellos que muere alienado, creyendo que su ser es igual a los semblantes de la cultura. Finalizado el régimen nazi, el único sobreviviente de la familia va ser quien intuya que no es el mito familiar (tónico inventado por un ancestro), sino el apellido Sonnenschein que habían intentado eliminar, el que indica algo que le atañe. Es evidente que hay algo en el nombre propio que insiste. Insistencia frente a la cual, algunos intentan borrarla, (como en la película) y otros buscan adornarlo con mitos o historias. Pero Lacan, sin desconocer el carácter “idiótico” del nombre propio, se detiene en su grafía.
A pocas cuadras de acá, hay un negocio de vidrios y espejos que ofrece buscar historia de los apellidos. Propuesta que mucha gente agradece porque facilita una forma de dar sentido a su vida y “amigarse” con el apellido que le tocó.