miércoles, 22 de octubre de 2008

Escenas de alcoba

Me abandono a la ensoñación,
duermo más de lo debido,
siento el filo de tu lengua aquella tarde.
Un café corto y negro, un cigarrillo fumado entre penachos azules,
y un poco de esa charla tuya y mía entre la porcelana.
por eso lo sé, yo tensa de cara a la ventana,
te diré
con el puñal tenue de mi voz:
"No, no es eso lo que quiero decir, en absoluto"