como a una princesa india,
"protegiéndola" con barrotes de oro,
y laberintos de mármol,
con incrustaciones de piedras preciosas.
(Como para disimular tanto horror...)
No permitieron que su entusiasmo transitara
por los caminos de su vida.
Prohibiéndole la música,
le "cerraron" los oídos.
Ataron sus piernas,
que anhelaban danzar.
Y adormecieron sus ideas,
y ya no pudo pensar.
Le cortaron las alas.
Como si su vuelo fuese peligroso.
O contagioso.
Abortaron sus sueños de mujer.
Y enterraron su alegría.
Lo que le quedaba de vida
se llenó de confusión y desasosiego.
Su nombre fue el único
vestigio de su existencia.
Como todo asesino,
cometieron un error:
olvidaron inhumar algunos detalles:
los de su pasión
por la vida,
que hasta la nombraba.
Y entonces, todavía,
hay restos que aún palpitan,
irritan,
y hasta desean..
tíbia y tímidamente.
Con miedo.
Pero sin pedir permiso.
Con toda la valentía digna de esa princesa.
También queda su rebeldía,
sus dientes apretados,
su impotencia.

5 comentarios:
Eres increíble.
Alma de Poeta tienes.
Ha sido una grata sorpresa tu descubrimiento.
Te sigo leyendo.
Un beso,
yo ;)
COBLENZA: GRACIAS!!!
Pero honestamente creo que me quedan grandes tus palabras!
Yo también te seguiré en tu blog!
un beso
"me siento como una princesa en un minarete" dice un libro de Marcela Serrano, no me acuerdo cuál, cuando pueda lo busco. Tendrías que leerla, intuyo que te gustaría.
Ya lo busqué: Nuestra Señora de la Soledad, es buenísimo.
LETRAS: Se agradece la referencia. Supongo que me gustará, ya que la he leído en otro libro, algo de "Historias....".
beso y te visito.
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