Ella cerraba sus ojos, esperando, sigilosa, que él, por fin, durmiera... Estaba alerta, inquieta, ansiosa. Deliraba con su miedo de que, si se dormía, él saldría a buscarla...
Así pasaban las horas, a veces, hasta la madrugada.
Despertaba, a duras penas, agotada. Tensa, demacrada, pálida o enferma. Pero, al menos, estaba el alivio de que “esa” noche, él no había estado con ella.
Así pasaban los días, uno tras otro.
Y recordaba: al principio, no había sido así. Los sorprendía la madrugada, sí. Pero de besos, música, charlas, pasión, risas y hasta proyectos...
Ahora todo era diferente.
Ya no hubo más tiempo para ella misma. Toda su vida era una descolorida calesita, pero en torno a EL. Y él, montado en su otra calesita, que giraba mucho más velozmente de lo que ella pudiera imaginar. O poder seguir.
Se le habían perdido los divinos detalles de la mujer que había sido. Esos rasgos, esos soplos, esas marcas únicas. Ya no lucía su linterna mágica. Ésa con la que lo había enamorado, y hecho rendir a sus pies.
En realidad, la vida erótica de esta Cornuda estaba regida por un fuerte tinte de erotomanía. Todo para ella, él. Y un postulado: él me ama, o me querrá siempre; es mío.
Esta convicción no la abandonaba jamás. Era inquebrantable.
Pero él no se comporta como es debido. (“No sabe lo que hace”).
Y así, fue como se quedó sola, bajo la lluvia. Las escenas de celos venían después de una larga meditación sobre los signos. La otra, esa arrastrada, era experta en las artes y oficios. ¿Cómo lograba arrastrarlo tanto hacia ella? ¿Con qué hechicerías lo embrujaba de tal modo que a él no le importara nada? ¿Por qué lo seducía y luego escapaba, haciendo que él sólo quisiera perseguirla? Ella sabía que él no la comprendía, sin embargo se dejaba asesinar por esa otra... Y quedaban rastros de esa otra, su sabor amargo, sus noches desveladas. Esa otra, la cocaína, se mezclaba con su odio.
Ella estaba tan intoxicada como él. Y en su delirio rezaba por rescatarlo.
Nunca se dió cuenta de que a ella nadie la rescataría... La Cornuda estaba presa. De él. De ese otro que había llegado a su vida sin previo aviso, y la había cautivado. Y entonces se pregunta ¿Y vos, sí sabés lo que hacés? Y tarda horas en contestárselo sin ninguna respuesta efectiva. Se levanta y se asoma, como todos los días, al espejo del cuarto de baño; de repente, un rostro la mira. No es ella.
5 comentarios:
Dios mío, qué duro¡¡¡ Está claro que el no la hace bien... pero es que yo vivo una historia similar... y no puedo dar consejos, lo que sí puedo decirte es que es muy triste que en una historia de pareja, haya tanta soledad y tanto hueco vacío... Yo que tú, pero ya te digo, mis palabras no tienen valor, yo vivo esperándole... yo que tu, me armaba de valor y quemaba la cocaína esa, antes de que ella te queme a ti... que te está quemando, tus palabras arden... son cómo hogueras gigantes que piden a gritos que alguien venga a apagarlas... Yo soplo un poquito con mi cariño, espero te sirva.
Un beso fuerte, ha sido desolador, pero bello bello.
Bssssssssssssssssssssssssssssss
Nombre! Impresionante! La desolación hecha palabras. Me quedé inmóvil.
Muy bueno, buenísimo
Un beso
Buen finde largo
MALE: como bien decís, no es nada sencillo... y vos, con tu barman, bien lo sabes (ves que te sigo?). Lo más difícil de esto es poder (como si se "pudiera"), sacudirse al otro de encima! Que por algo lo elegimos. Me hago cargo. La cocaína, por más que se la queme, la siguiría buscando... Y yo abandoné esa empresa. A mí, lo único que me intoxica es él y mis marlboro. Pero no quiero dar un portazo,e irme sin más. Creo que así no se deja nada. Sólo uno le pone un tapón... Estoy con mi ANALISTA (mmmm) viendo porqué no puedo salirme de esta relación. Como te dije a vos, con confianza (mucha) y paciencia (más aún)
La desolación que se transmitió se calma con su comment, y tu beso.
Un abrazote.
LETRA: Bueno, ya a male le conté un poco más, no retiré el cuento. Si es angustioso el ítem, pero con sus visitas, estoy mucho más acompañada de lo que uds. suponen.
Mil besos.
Yo tb empiezo a ir al terapeuta este jueves... necesito que me saque el demonio, porque yo no lo veo y eso es lo grave, fíjate, yo creo que ni la puta cocaína es lo mismo, y eso que no la probé.
Y hay fuerzas, sí, y ganas de recuperar una vida.... pero también hay un cortocircuito en el cerebro para el que no tenemos armas con que combatirlo, mejor en manos de profesionales...
Cuídate mucho, me encantássssssssss¡¡¡
MALÉFICA: veo que esta mujercita que (re)nació anoche aún tiene tono muscular para responder!!! Me tranquilizas. Ya me estaba preocupando...
besos de a cien! Y mucha fuerza!
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